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La canariedad de Venezuela

Manuel Pérez Rodríguez   (08-07-2011)
Todo Estado tiene un paisaje y un paisanaje. El paisaje se lo da la Natura y en ello, Venezuela es una tierra mágica y prodigiosa porque conserva en su territorio todos los paisajes del Mundo.. Desde las nieves perpetuas, altas montañas, páramos, idílicos valles a amplios desiertos de arena pasando por frondosos bosques, intrincadas selvas , contrastantes litorales con veriles, inmensas playas y el único atolón del Atlántico hasta llegar a la exuberante y peculiar sabana, caudalosos ríos, el prodigio de un inmenso delta y unos tepuis y unas cascadas que guardan el secreto de la tierra más antigua de este Mundo en el que vivimos.

Y tiene Venezuela también ,un paisanaje peculiar fruto del profundo mestizaje producido a través de los siglos horadado por la constante corriente migratoria de gentes que buscaron en este norte de América del Sur, la tierra de Jauja, el paraíso de la libertad, El Dorado de los sueños, la tierra del progreso y del triunfo, la tierra de acogida de tantos exiliados y buscadores de nuevas rutas donde el hombre pudiera forjar un destino, sin cuadraturas ni absurdas opacidades y una indiscutible fuente de las forjadores de ese paisanaje venezolano, ha sido la de los canarios que con sus ideas, su trabajo, sus añoranzas y desarraigos, con sus ansias de progreso supieron aportar su cultura a una tierra que los isleños de buena voluntad y sumamente agradecido han llamado, con toda la razón, la Octava Isla.

Y es que podemos afirmar que desde que Cristóbal Colón descubriese las tierras venezolanas, desembarcando en sus costas aquel 5 de Agosto de 1498, está presente el testimonio de lo canario en la inmensa tierra desde el Caribe a la Amazonia y desde el Atlántico hasta los paredones andinos.

Comerciando, roturando tierras, fundando ciudades, gentes de todas las clases sociales, desde las elites insulares hasta una masa de incultos campesinos, muy trabajadores ,que llegaron desde las Islas Canarias para repoblar y desarrollar el inmenso territorio venezolano.

Además, durante mucho tiempo Venezuela fue el destino privilegiado del tráfico mercantil canario, coadyuvando a que fuese aún más atrayente para los canarios que no sólo embarcaban en los buques legales sino incluso en buques extranjeros que hacían escala o eran fletados para las Antillas dominadas por ingleses, franceses y holandeses. Todo ello forja la realidad de que los canarios constituyeran la emigración más importante en la Venezuela del siglo XVIII. Tan solo en Caracas, en la década de 1780 a 1790 los canarios representaban el 52 % de los contribuyentes emigrantes blancos.

Y tras la independencia de Venezuela, la emigración canaria fue auspiciada por los propios gobiernos venezolanos a lo que respondieron masivamente los isleños ante las crisis económicas sufridas en las islas. Gobiernos como los de José Antonio Páez, los hermanos Monagas, Guzmán Blanco, Eleazar López Contreras, Delgado Chalbaud tras reconocer el gobierno del general Franco, pero que tuvo una actitud sumamente represora con la emigración clandestina introduciendo a los canarios que no llegaban legalmente en establecimientos penitenciarios de El Dorado. Tras el asesinato de Chalbaud llega otra etapa de emigración masiva de canarios desde 1950 a 1958 con el gobierno de Marcos Pérez Jiménez, ya que Venezuela necesitaba mano de obra para diversificar la producción agraria y la industria nacional con unos planes de colonización y de industrialización.

No siempre fue un camino de rosas la llegada a Venezuela para el canario. Las propias rosas tienen espinas y muchas espinas tuvieron algunos que sufrir en la bendita tierra de Gracia. Queremos destacar el periodo de gobierno de Páez, tras la libertad de los esclavos auspiciada por Monagas, se auspició una autentica diáspora de campesinos canarios hacia Venezuela incitados por las facilidades del gobierno como era la concesión de la nacionalidad, la cesión gratuita de tierras baldías, la exención del servicio militar y toda clase de contribución directa por espacio de diez años, que en muchas ocasiones no se cumplieron tales prebendas al realizarse un autentico contubernio entre los hacendados venezolanos, los agentes intermediarios y la oligarquía canaria que sometían a los emigrantes canarios a una auténtica esclavitud económica puesto que se les obligaba a trabajar a estos blancos de orilla hasta cinco años gratuitamente para sufragar el precio del pasaje. Se firmaban los contratos en las Islas Canarias donde el índice de analfabetismo era aplastante puesto que el 94 % no sabían leer ni escribir y cuando llegaban a La Guaira se procedía a la subasta de lotes de trabajadores como si de un mercado de esclavos se tratara lo que conducía a que muchos se evadiesen y como si fuesen cimarrones los periódicos, comunicaban sus fugas y pedían su búsqueda y castigo.

Y es que los canarios siempre ocuparon un papel laboral preponderante en el factor económico primario de la agricultura y ganadería. Los canarios llevaron a Venezuela las razas autóctonas de sus ganados de cabras y ovejas, principalmente a las zonas andinas así como los cochinos negros llevados desde La Gomera en el segundo viaje colombino a la tierra de Gracia.

Y llevaron los plantíos de la caña de azúcar, el primer monocultivo de explotación canaria en la primera mitad del siglo XVI. Fueron Los canarios los introductores de los cañaverales azucareros y los primeros artesanos del azúcar en Venezuela. Protagonizando la labor de los trapiches y los ingenios, destacando en las zonas azucareras de Guarenas, Cayayaca, Caucagua y Curiepe.. Protagonizan la elaboración del aguardiente y el ron así como las técnicas para la distribución del agua en acequias y atarjeas, la explotación de distribución del preciado liquido a través de dulas impulsando con ello la horticultura como por ejemplo ocurre con el rio Guaire por San Pablo y Santa Rosalía, con el Guárico por San Juan de los Morros. Y no menos importante el protagonismo de los canarios en el área cacaotera con importantes haciendas en el Tuy, Curiepe, Rio Chico, El Pao y Mamporal, todo el área aluvial del Barlovento entre los siglos XVII y XVIII.

Y como siempre los depredadores acechan y el progreso alcanzado no sólo con las plantaciones, elaboración y comercio del cacao hacia Europa y Méjico por los canarios, es apetecido por los peninsulares y son los vascos los protegidos por la Corona creándose la Real Compañía Guipuzcoana monopolizadora del comercio del cacao. Lo que va a traer el primer levantamiento económico y político de Venezuela protagonizado por el heroico herreño Juan Francisco de León, capitán poblador y fundador de la villa de Panaquire en la región de Barlovento, que llega con sus huestes hasta Caracas y hace huir hacia La Guaira al temeroso y depravado Capitán General Luis de Castellanos. Las intrigas cortesanas desde la Metrópoli, los engaños y el abandono de la causa por el clero y la nobleza hacen que el valeroso Juan Francisco de León se entregue prisionero en 1752, es enviado a Cádiz donde fallece en pésimas condiciones. Es declarado traidor por el cínico Gobernador Felipe Ricardos y su casa de Candelaria de Caracas es arrasada y sembrada de sal para que ni la hierba naciera un 25 de Septiembre de 1752.Posteriormente con la llegada de la Independencia de Venezuela los terrenos son devueltos a los familiares del valiente herreño. En la guerra de la Independencia venezolana, los canarios tienen un papel fundamental en ambos bandos. No es una casualidad que el precursor Francisco de Miranda fuera hijo de tinerfeños, que el Libertador Simón Bolivar llevase sangre canaria de los Ponte de Garachico, que los primeros presidentes de Venezuela llevasen sangre canaria como Páez, los Monagas y Vargas.

Canarias siempre ha sido un efectivo trampolín para el comercio internacional hacia diferentes latitudes. Y en la ruta del comercio canario americano, Venezuela va a jugar un esencial papel como receptor de productos manufactureros procedentes de los puertos canarios, la mayoría originarios de Inglaterra y de Centroeuropa lo que va a implicar las protestas de la Casa de Contratación Sevillana. Los puertos venezolanos de Cumaná, La Guaira, Puerto Cabello y Maracaibo nunca fueron vedados para el comercio con los canarios y por varios siglos, principalmente el puerto de La Guaira es el puerto más rentable para los navíos canarios porque tenían la posibilidad de extraer productos agrícolas a precios competitivos en los retornos, especialmente el cacao que era colocado en el puerto de Cádiz a pesar de la creación en 1728 de la Compañía Monopolista Guipuzcoana. Y a La Guaira además se podía enviar un reparto anual de 200 toneladas cuyo arqueo siempre se aumentaba llegándose a conceder privilegios a cambio de trasladar familias para blanquear a Santo Domingo o para colonizar la Guayana. La mayoría de los que partían para Santo Domingo acababan como colonos en tierras venezolanas. En el año 1770 La Guaira era el único puerto americano donde los canarios conservaban el privilegio del comercio preferente, etapa que culmina con el Reglamento de Libre Comercio de 1778.

Las huellas canarias las tenemos en gran parte de la artesanía . Aportación canaria de las destiladeras, una constante en Venezuela y especialmente en el Estado Táchira asi como la vasija de barro grande y en forma de tinaja achatada que recibe allí también el nombre de bernegal. Y los molinos de mano para moler el millo o el trigo. Muchos molinos de mano y tahonas se exportaron para Venezuela desde Canarias y luego con la industrialización de la molienda, los canarios crean molinos y tostadoras en toda la geografía de la cuna de Bolívar.

Y las huellas canarias están también en los alfares con las técnicas a mano y no con el torno, con una gran trascendencia en las zonas de Lomas Bajas, Ciudad Bolívar y El Pao, donde se moldea el barro con las manos y se alisa con una especie de cuchara de totuma.

Huellas canarias en las artesanas labores de cuero, que tenían un cariz despreciable para los blancos criollos y europeos pero que siempre fue una actividad desarrollada por los canarios siendo muy populares los zapatos elaborados por canarios por toda la geografía venezolana.

Huellas canarias en la explotación de la seda y la elaboración de tafetanes, anacostillos y ligas donde tuvieron una notable aportación los palmeros y gentes del noroeste tinerfeño así como la introducción de las rosetas y llamados encajes de Tenerife con gran arraigo en los Estados andinos y en los orientales de Sucre, Nueva Esparta y Monagas.

Huellas canarias de los herreros y los orfebres, profundas e indudables, que como bien señala el erudito venezolano Carlos Duarte, fueron oficios desempeñados exclusivamente por familias canarias, que se dedicaron a la fabricación de todo lo relativo al adorno de portones, clavos, llamadores, mascarones, y cantoneras. Ollas y morteros para las cocinas, blandones y arañas para la iluminación así como estribos, esquilones, campanillas y campanas para las iglesias y pilas para el agua bendita. Huellas canarias de los carpinteros y constructores levantando ermitas y templos especialmente a la Virgen de la Candelaria. Los balcones canarios se reflejan especialmente en los venezolanos del siglo XVIII, abiertos, con antepecho y divididos en dos franjas, la superior con barrotes torneados y la inferior con entablado de cuarterones , que todavía perviven el paso del tiempo en tantos rincones de emblemáticas ciudades como La Guaira, Puerto Cabello y Coro.

Y no puedo dejar de mencionar a los carpinteros de ribera que formaron importantes cofradías como las de Puerto Cabello o las típicas cajas de cedro elaboradas principalmente por los carpinteros de Gran Canaria o los oriundos de Tenerife, esenciales toneleros que culminaron sus días en Venezuela con la misma labor que hacían en su isla querida.

La Virgen de la Candelaria fue el especial emblema religioso que acompañó a los canarios en su devenir venezolano. Ellos llevaron sus fiestas y costumbres religiosas procesionales que aquí muchas han desaparecido y allí perviven con una identidad propia, especialmente en las fiestas del Corpus con los Diablos y en Canarias quedan como reliquia de Carnaval los diabletes de Teguise que tuvieron su inicio en el Corpus conejero. La fiesta de la Cruz y sus bailes. No podemos obviar el entrelazado de las cintas que allí llaman el sebucán ,las manifestaciones musicales en las zonas andinas, el contrapunteo llanero o las fulias y malagueñas margariteñas por nombras algunas.

Actualmente muchos canarios y sus descendientes viven desperdigados por todo el territorio venezolano, pero no puedo dejar de mencionar a los que se encuentran asociados en los numerosos clubes o Hogares Canarios que se convierten en antorchas vivas del folklore y la etnografía canaria, muchos jóvenes que aprendieron los bailes y cantares canarios hoy los enseñan y dirigen en Agrupaciones Folclóricas Canarias de estas islas. Los canarios de Venezuela superan toda clase de barreras para mantener vivas nuestras más dilectas tradiciones donde se conserva nuestra peculiar gastronomía y los deportes y juegos tradicionales como la lucha canaria y el juego del palo y del garrote. Identidad canaria que se conserva en la tierra del gran Andrés Bello, venezolano con sangre plenamente tacorontera que supo romper fronteras con su inmensa obra jurídica, literaria y cultural desde Inglaterra y Chile para todo el mundo iberoamericano.

Podemos afirmar que residen en la tierra venezolana más canarios u descendientes de canarios que los que vivimos en nuestro Archipiélago, muchos son binacionales de origen o de forma automática según nuestra Constitución de 1978 y hablando de Constituciones tenemos también que afirmar el positivo giro que se produce con respecto a la binacionalidad conflictual con el art. 34 de la actual Constitución de la República Bolivariana de Venezuela de 1999 al admitirse como sistema la doble nacionalidad así como la plena equiparación de la mujer casada con el hombre con respecto a la nacionalidad venezolana, con lo cual al no existir un convenio entre los dos países, se superan los posibles conflictos pues las líneas paralelas nunca se encuentran.

Y sigue manteniéndose un constante flujo y reflujo de personas de una a otra orilla Existía hasta hace poco un buzón de cartas exclusivo para Venezuela en la Sede Central de Correos de Santa Cruz de Tenerife, hoy las familias se comunican la mayoría por otros medios, el periódico El Día, tiene dedicada una página diaria a Venezuela como la octava isla, varias cadenas televisivas locales se conectan todos los días con Globovisión desde Tenerife, conexión directa semanal por avión desde Los Rodeos con Maiquetía, los trasiegos electorales que se producen cada cuatro años a pesar de las últimas restricciones electorales del Gobierno español y el olvido de ratificar un Canje de Notas sobre sufragio electoral con Venezuela y si con cinco Estados sudamericanos que no tienen en Canarias el arraigo tradicional que tienen los venezolanos con las islas que es uno de los territorios extranjeros donde más venezolanos conviven y siendo sede de uno de los Consulados Generales más importantes de la República Bolivariana de Venezuela, , y aquí se comen arepas, tequeños y hallacas, se bebe buen ron venezolano se añoran los ricos jugos naturales de frutas venezolanas y se viven en plenitud los avatares y los triunfos de la otra orilla bolivariana.

No quiero cansarles más con esta sentida disertación donde he querido reflejar la importante y trascedental realidad social de una canariedad compartida por unas gentes con el mismo origen, con distinto acento que forjaron y siguen forjando sus vidas con el emblema del Padre Teide en sus mentes donde el desarraigo y la añoranza les conduce a que tengan dos patrias en un solo corazón por ello quiero terminar leyendo este pequeño poema que publique en el 2oo8 en mi querido libro Venezuela, la Octava Isla y dice así:

Y me voy un día a la otra orilla Buscando una nueva estrella
Y encuentro la misma, con otra luz Iluminando senderos de gloria
Donde los tajinastes se convierten en frailejones
El timple en cuatro
El punto en contrapunteo
Y el mismo sonajero cubre de luces nuevas el campo llanero.
El barranco se vuelve rio
Y las palmeras guaraperas
Toman otro porte en aquella tierra Pero la misma savia
Viste la mirada con otros colores en la misma bandera.
Donde el pinzón se convierte en turpial
El drago en araguaney, la coruja en gavilán
Y los dulces mocanes en sabrosos mangos
Por ello, siendo canario, me siento venezolano.
Y tengo en mis manos, la misma estrella
El mismo sentimiento sin fronteras ni espinas
Sin el amargo sabor de lo lejano
Por ello, lo repito
Que siendo canario, también me siento...VENEZOLANO.
 
Santa Cruz de Tenerife Julio de 2011
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